Un nombre por nuestro momento histórico actual podría ser Yuga Cuántica. Los descubrimientos de la mecánica cuántica han cubierto las asunciones del paradigma de Newton que ha detenido nuestras consciencia colapsada por demasiado tiempo, en los confines de pseudo realismo simplista, el materialismo dualista que se ha disfrazado exitosamente como sentido común. Ese sentido común ha revelado su naturaleza verdadera como la psicosis de la consciencia egóica, también conocida como Kali Yuga. Ahora tenemos las herramientas conceptuales para hacer una salida elegante hacia el nuevo Sat Yuga—una era de verdades superiores resplandeciente con verdadera consciencia de nuestra unidad trascendental. Pero para poder hacer eso, debemos de-colapsar la función que ha llevado a la apariencia de una pesadilla de egocentrismo demoniaco que se ha puesto sobre este planeta muriente que una vez fue nuestra casa paradisiaca.
Usando las perspicacias de la física cuántica en conjunto con la práctica de los yogas más antiguos, podemos superar los obstáculos que nos tienen en un estado de víctimas indefensas, reducido a meros espectadores en una vida atrapada en la agonía de la muerte de una desintegración ultra-rápida. Si no tomamos esta oportunidad para redescubrir nuestro poder que jamás pensamos posible para alterar los eventos, este tiempo pronto se convertirá en nuestra tumba. A través del canto silencioso de un quant-Om podemos realinear nuestra consciencia con el Quan Yin, el arquetipo de amor supremo y sabiduría, y por ende ser liberados de nuestra confusión.
Liberación implica liberación de nuestro actual orden simbólico, del encarcelamiento de asunciones que ha atado nuestra consciencia en las narrativas de la debilidad y aflicción. Estas historia ha sido entendida y escrita por los mitos desde Samson y Delilah a Supermán y el kriptón. Nuestra debilidad se deriva de una identificación equivocada de consciencia libre con la consciencia perceptual del cuerpo. Como un cuerpo imaginado, desarrollamos un añoro por nuestros orígenes imaginarios, una nostalgia neurótica que produce una adicción a la ansiedad y desespero. (Para Samson, era la madre perdida en la infancia proyectada en Delilah; para Supermán, era el añoro por el planeta madre perdido, Kriptón, cuyas partículas ahora le producen debilidad improbable). Una vez que se asume que el ser es solo un aparato compulsivo de un mecanismo físico localizado en un universo sin significado material, hemos perdido la llave de nuestra voluntad propia, creatividad, y el mundo milagroso. Y todos nuestros deseos inconscientes son volver al vientre de la muerte. Esto ahora está siendo realizado a un nivel colectivo.
Para poder lograr los frutos dudables de habilidades computacionales superiores, que produjeron la industrialización, cibernética, poder nuclear, y capitalismo globalizado, hemos pagado con nuestras almas. Ya no hay una visión superior para guiarnos a un uso sano de los poderes que hemos comprado. Debemos redescubrir la presencia del Absoluto. Solo en la entrega a la inteligencia superior de la consciencia suprema que es la principal fuente del universo entero podemos salvarnos de la derrota en las manos de nuestros egos narcisistas. Esta es la verdadera batalla de Armagedón.
Nuestra obsesión con la acumulación, con cantidad, irónicamente ha llevado a la realización de lo cuántico, la realidad fundamental de ser—un estado que no puede ser capturado por mediciones, pero que es inherentemente indeterminable. Hemos tenido que enfrentarnos con el hecho del enredo cuántico, aplicando el Teorema de Bell, o de origen co-dependiente, para ponerlo en términos budistas, que revelan la naturaleza falsa de nuestra soberanía del ego.
No podemos pensar nuestra salida del enredo presente porque nuestras categorías de pensamiento son parte del problema. No hay esperanza ni para el individuo ni para el colectivo, porque estos dos conceptos son ilusorios. Nuestro paradigma es obsoleto sin esperanzas, y mientras estemos crucificados en la cruz de la lógica sobre valorada (aludiendo al árbol bíblico del bien y del mal), nos quedaremos abandonados por el mismo Dios que es omnipresente pero al mismo tiempo ausente por nuestra inhabilidad de poder captarlo.
Todos nosotros solo son aparentemente partículas separadas o en trayectorias independientes a través del tiempo y espacio. En realidad, somos una sola ola cuántica. En cualquier momento, un observador diferente, uno localizado en una dimensión transcendental al matriz en donde nuestra consciencia ahora ha colapsado, a un nivel de coherencia y consciencia más alto, puede cancel con compasión la constitución de auto confusión, y revivir en la superposición, aplicando los principio de condensación de Einstein y la reversibilidad temporal para crear un agujero cósmico para conectar de un lado del tiempo al otro, y recrear la belleza prístino de un nuevo comienzo divino.
Todo esto y más es posible. Es física simple. Pero para poder lograr esta hazaña, debemos primero entrar en la Yuga Cuántica, y solo podemos hacer eso a través de la práctica de yuga cuántica. La meditación es el método. Deje ir todas las identificaciones. Vuelva la consciencia a su estado original antecedente de todos los comienzos, antecedente al colapso de la ola cuántica. Entre en el silencio puro de la presencia de Dios. Sienta la ola extendiéndose al infinito, un océano de potencial transfinito. Disuelva todos los conceptos e imágenes, limpie la mente completamente, y prepárese para la manifestación de una nueva realidad. En la perfección del vació, la plenitud de la inteligencia suprema actuará a través del medio de la consciencia liberada para restaurar el reflejo en el espejo de la materia de la belleza sublime y el poder y variación infinito que solo puede proveer una representación que valga la pena de la realidad increíble de lo Absoluto. No somos nada excepto Eso. Por ende, la cosa de lo cual podemos estar seguros es que la transformación última y el regreso a la perfección será alcanzado. Ya ha pasado infinitas veces en infinitos universo. Uni-verso significa el Uno que siempre vuelve. Nuestro turno está llegando.
Namaste,
Shunyamurti