Algunas de las literaturas espirituales más profundas que se están escribiendo hoy en día están saliendo de la tradición psicoanalítica. Desde los días de Freud, varios grandes sabios han emergido en esta tradición, quienes lo han hecho un verdadero camino místico. Las escrituras y anécdotas en este gran cuerpo de literatura que ha emergido son recapitulaciones sin saber de las grandes enseñanzas de la tradición Sufí, desde la tradición Zen y los koans, y las historias sabias del Hasidismo y otras tradiciones.

Me acordé de una historia que leí recientemente sobre un gran místico psicoanalista llamado Wilfred Bion, quien estaba supervisando otro joven analista que estaba lidiando con un cliente psicótico. El joven analista se estaba quejando de que no sabía cómo ayudar a su paciente a lidiar con su síntoma.

Aparentemente, el paciente estaba profundamente dormido en la noche y de un pronto se despertaba pensando que no iba a poder dormir suficiente, entonces se levantaba y prendía la luz para estar seguro de que estaba durmiendo en su cama. La respuesta de Bion fue: “todos tenemos derecho a una segunda opinión.”

Esto me acordó de otra historia, una en la tradición Sufí, sobre un profesor espiritual famoso e histérico llamado Mullah Nasr Eddin, quien se hizo famoso en las anécdotas de muchos profesores modernos Sufíes. Gurdjieff lo usaba frecuentemente como ejemplo.

Mullah Nasr Eddin estaba caminando en la orilla de un hueco cerca de su hogar una noche, y se calló dentro del hueco. Mientras estaba acostado en el fondo, de repente se horrorizó cuando pensó que había quedado mortalmente herido y que se estaba muriendo y que su cuerpo nunca sería encontrado. Su miedo creció hasta que llegó al punto que se paró y corrió a su casa. Despertó a su esposa y le dijo a su esposa “¡estoy en el hueco, estoy muerto!” y corrió hasta el hueco y se acostó otra vez para terminar su proceso de muerte.

Mientras tanto, en la casa, su esposa por supuesto empezó a gritar y a llorar: “¡mi esposo está muerto!”

Las personas en el barrio corriendo para ayudar. “Cómo sabe que está muerto?” le preguntaron.

“¡Pues, el me dijo! Acaba de salir del hueco.”

Esta historia, por supuesto contrasta como Ramana Maharshi pasó por su experiencia de muerte. Ramana no pidió una segunda opinión, y no fue por ayuda, entonces llegó a la iluminación.

Entonces, la moraleja es que sus dos opciones son la histeria-y/o psicosis-o iluminación. Y todo depende si necesita una segunda opinión.

Pero esto es lo que hace el ego; siempre, en cada relación, pregunta por la opinión de los otros: “Estoy bien? Soy amable? Estoy vivo o muerto? Soy una mujer o un hombre? Soy bueno o malo?” Todas estas preguntas atormentan al ego.

Y el ego sigue haciendo estas preguntas hasta que provoque la respuesta que tiene miedo de escuchar. Y después se acaba. El ego tiene que encontrar aún otra opinión. Este es el destino de la pregunta, siempre pregunta segundas opiniones, terceras opiniones, etc.

Entonces lo que estamos haciendo en el estado meditativo es tratar de llegar al estado en donde no estamos preguntándole la opinión a ninguna voz sobre como somos, quienes somos, o que somos.
Pero el problema es que apenas llega a ese estado alto meditativo y está muy feliz, entonces entra una voz que dice, “¡hey, lo estás haciendo, muy bien!”

Y por supuesto de repente pierde su felicidad y en vez empieza a gozar de su opinión sobre la felicidad. Y después quiere una segunda opinión. La felicidad en ese entonces ya se fue y está una vez más en los problemas del ego.

Entonces si puede retener el impulso de conseguir una segunda opinión sobre cómo esta, llegará hasta la liberación. Entonces la próxima vez que esté meditando y la voz empieza a darle una opinión de cómo esta, no la escuche, no se lo crea, y no se preocupe si está bien o no.

Porque la verdad es, usted ni siquiera existe. El ego solo es una opinión de que existe. Sin una opinión se disuelve. Ni siquiera tome en cuenta la opinión de que no existe. Es solo esa opinión que le da la ilusión al ego en el primer lugar. Hasta un ego no existente es una ilusión.

Cuando no hay opiniones del todo-ni una segunda y ni siquiera una primera opinión-entonces el Ser emerge.

Y el Ser simplemente es la llama del amor, la Presencia Divina de Dios. Es igual que la metáfora del Tora del árbol en llamas que encuentra Moisés. Esa es la verdad para cada uno de nosotros, si no tenemos una opinión acerca de ello.

O si no, la opinión apagará el fuego o nos esconderemos de la llama. Encontraremos una manera de escaparnos de ella. Porque todas las opiniones se mueren en la Llama.

Pero eso es lo que verdaderamente somos: ese Amor Supremo.

Hay muchas historias que dicen: “no puede llegar a la iluminación hasta que tenga este amor ardiente de Dios”. Pero la verdad es que ya está ahí, y el amor es Dios. No es que tiene que ser un amor por Dios, en la dualidad, porque tampoco necesitamos la opinión de Dios. Es una cuestión de simplemente realizar eso que usted ya es, aquí y ahora.

Hay una energía ardiente de alegría, de amor infinito. Y ese árbol que se está quemando es el Árbol de la Vida. Es energía de vida pura. Y si no nos entrometemos con él, y si no tomamos una posición dualista en relación a ello, entonces quemará el ego completamente. Y el amor divino es lo único que queda.

Y usted es Eso, la Llama eterna.

 

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