Alguien recientemente preguntó si nuestro instituto está enseñando Advaita. Esta no es una pregunta fácil de responder. Porque uno podría decir que sí y estar correcto. Y uno podría decir que no, y también estar correcto. Digamos que estamos enseñando un acercamiento único y de muchos modelos sobre la realización viviente de la naturaleza no dual de nuestra Realidad verdadera. Nuestro acercamiento valora las luchas y las victorias (y las pérdidas aparentes también) que son parte del camino hacia la realización última al igual que la meta, la realización unitiva en sí. Tal vez la mejor descripción del Acercamiento Sat Yoga es llamarlo Advaita+ (Advaita más un mapa de los niveles de consciencia llevando desde la multiplicidad conflictiva de la consciencia egóica a la realización de la Realidad Suprema mas una variedad de procesos diseñados para traer tal transformación).
Tal vez el mayor problema de Advaita normal es el menosprecio del poder del ego para apropiar el discurso de la no dualidad para sus propia agenda narcisista, y la falta de medios suficientemente poderosos para depotenciar el ego y soltar su posesión sobre la consciencia. Sat Yoga ofrece una metodología para asegurar que el ego no continúe con su posesión parasítica de nuestro ser. Para darnos cuenta de la verdad debajo de su representación verbal en el discurso Advaita, requerimos una metodología que garantiza que nuestros guías espirituales verdaderamente practican lo que dicen, no simplemente hablan por hablar.
Además, para poder liberarnos del cimiento de las construcciones narrativas del ego, debemos desarrollar habilidades de poder escuchar profundamente, o escuchar con el tercer oído, como decía el psicoanalista Theodor Reik. Esta práctica nos facilita sobrepasar los puntos ciegos que están en nuestra consciencia consciente, y para ayudar a otros ir más allá de los suyos. En la práctica de la meditación, en el camino hacia lograr sahaja samadhi, o nisarga samadhi, como decimos nosotros—el estado natural de consciencia sin dualidad, de silencio interior y presencia que queda constante a través del día y la noche, a través de estados despiertos, sueños y sueño profundo—muchos fenómenos de imperiencia (lo contrario de experiencia) pueden surgir. El maestro espiritual experto debería de poder ayudar un aspirante a sobrepasar tales demonios del inconsciente profundo—desde los momentos de agonía y ansiedad hasta fenómenos paranormales a fragmentaciones psicóticas a angustia crónica, depresión, fatiga, dolores somáticos, u otros síntomas psicoespirituales. Ni Advaita ordinario ni psicoterapia ordinaria ofrece una solución eficaz para estos problemas.
Algunos acercamientos al Advaita simplemente rechazan como ilusorias los niveles de consciencia en donde queda la identificación con alguna identidad o arquetipo menos rodeador que Parabrahman. Nuestro acercamiento no rechaza esos niveles—todas las perspicacias y pasiones que encienden—no tienen valor. Al contrario, aunque ciertamente sean solo de validez y valor limitado, en comparación con la realización de la Realidad última, para la consciencia que está trabajando para llegar a las apercepciones no duales sublimes sorprendentes, la mezcolanza de fuerzas y adivinanzas tragicómicas creadas por la confusión de Maya, son de relevancia extraordinaria. Esto es verdad del entendimiento del ego sobre su propio maestro de títeres inconsciente, y es verdad sobre los niveles superiores de desarrollo que traen experiencias de Dios o otros estado místicos visionarios. Ninguno de estos es último, pero su estudio puede dejar desarrollos transformacionales enormes. Esto es donde la filosofía de Sat Yoga y Advaita corriente se diferencian—en enfatizar más de que calidez última. Pero eso es porque nuestro camino incluye una relación directa guía-estudiante en donde el acorde empático es esencial, el gradual (o repentino) reconocimiento de su existencia lleva a una acumulación de riqueza interior—en la forma de una mayor capacidad para amar, para jugar, para pensar, para actuar decisivamente, para relacionarse con otros de una manera saludable, espontánea, virtuosa, mutuamente beneficiosa, entre otros beneficios. Esta recuperación de alegría y sabiduría no siempre pasa en el camino clásico de Advaita, que puede ser austero, repetitivo, y hasta autista en su énfasis sobre el cuestionamiento propio, y la usencia del componente relacional. Esto puede resultar en una vida empobrecida en vez de una enriquecida.
De hecho, los frutos de la transformación interna a través de cambiar los paradigmas relacionales comprenden mucho del contenido importante del camino espiritual, y es el enfrentamiento honesto de las ilusiones proyectadas del ego versus otro (enfatizo la palabra honesto) que produce el néctar divino de la compasión, despego, y aceptación que intoxican nuestra consciencia con el éxtasis mayor de la disolución del ego y la risa extraña que viene con la consciencia directa de qué es lo que está pasando aquí.
Es el trabajo interno paciente quitando las capas de la ilusión, los axiomas y paradigmas que sostienen el complejo del ego, depotenciando el comportamiento irracional, los conflictos reprimidos paralizantes, aflojando las ataduras apretadas de los efectos del ego, que consiste en mucho del proceso diario del guerrero espiritual, llevándolo al desenvolvimiento último de las ilusiones egóicas. Pero este trabajo interno de desconstrucción es lo que requiere coraje verdadero y perseverancia—y deja los verdaderos frutos de sabiduría—que dejan ganar la compasión necesaria y entendimiento para guiar a los otros en el camino al alcance de Jivan Mukti, o liberación, también.
Más allá de eso, este trabajo de ganar perspicacias sobre la naturaleza humana le da mayor profundidad y entendimiento a lo que aptamente se podría llamar naturaleza divina. Para entender la perspectiva más alta de Advaita del proceso planetario/histórico del cual somos parte, las intensidades espirales del tiempo cíclico, en donde la oscilación de nuestras manifestaciones mutuales de divinas a demoniacas y de vuelta otra vez, nos permite montarnos en la ola transformacional a su colapse y reconfiguración. De la misma manera que leer Shakespeare o Rumi o William Blake o Marcel Proust puede transmitir un tipo de entendimiento que no se puede conseguir leyendo Kant o Hegel o Einstein (ni mencionar Shankara o Ramana), el acercamiento al desarrollo espiritual puede ser o súper estrecho o súper ancho. La poética de la iluminación no debe ser limitada a la simple verdad que el ego es una ilusión, y eso es todo. El juego divino, el Leela cósmico, is hermoso, con una complejidad estética y sabor mucho más allá del vino más fino o la literatura más creativa, y toda la belleza e inteligencia no debe ser desperdiciada. Eso también es finalmente el trabajo de Brahmán, o Shiva, o Purusha o la naturaleza Buda, o el nombre que uno decida llamar al Absoluto. Advaita no debe ser una melodía de una sola nota.
En otras palabras, nuestro acercamiento percibe un Advaita más fértil, una plenitud más floreciente, empoderadora, desbordante que se desenvuelve en el camino de nuestra Unión absoluta.
De la misma manera que la práctica meditativa no es aburrida para aquellos que saben del éxtasis de la no dualidad, pero para aquellos que sus consciencias quedan en la construcción del ego hecha de palabras y melodramas imaginarios, es una pérdida de tiempo aburrida, o una oportunidad irresistible para dormir—de la misma manera, Advaita puede parecer una negación aburrida de la lógica de los impulsos egóicos o puede ser percibida como el baile de los Devas a la música sinfónica angélica de esferas transcósmicas.
El camino de Sat Yoga reconoce y alienta a los estudiantes y buscadores en el camino espiritual a anular inmediatamente los aspectos patológicos de la identificación—pero no hacerlo como un acto de renuncia, pero como un tipo de justicia poética. Para empezar en el camino de donde estamos verdaderamente, no de donde deseamos estar o pretendemos estar, es esencial para el éxito último. Para alcanzar más rápidamente este éxito, llamado Liberación o Realización Propia, podemos usar más herramientas que simplemente el reconocimiento cognitivo de la realidad falsa de la pseudo identidad del ego. Nos podemos aprovechar, por ejemplo, de las perspicacias contemporáneas del psicoanálisis (pero de una forma más incluidora del paradigma Advaita/Yoga, lo cual nosotros llamamos atmanología clínica)—incluyendo el hecho de que mucha de nuestra capacidad mental se lleva acabo más allá de nuestra consciencia despierta, más allá del control de nuestra mente despierta, y secuestrada de nuestro alcance por mecanismos de defensa complicados. Por ende, para ganar la batalla contra la inteligencia diabólica de la Sombra (para usar un término de Jung—refiriéndose a la parta del ego que queda debajo de la consciencia “normal” y que tiene el poder de controlar el flujo de información que llega a nuestra consciencia egóica despierta), vale la pena entender las dinámicas de su operación. También nos podemos beneficiar de poder descifrar los mensajes que nos llegan de un nivel más profundo, algunas de lo cual Jung llamaba el nivel arquetípico, algunas veces más allá de ese nivel, de la inteligencia neumenal del Atman en sí, a través de nuestros sueños nocturnos y nuestros síntomas psicofísicos, al igual que nuestros enredos kármicos—si tenemos el poder de interpretarlos correctamente. Adquirir estas habilidades es una parte legítima—de hecho, hasta diría esencial—del camino espiritual para muchos individuos. Es el entendimiento completo del juego egóico que trae vairagya, o despasión, que finalmente se convierte en la realización que no somos individuos separados, ni nunca fuimos.
De la misma manera, el mapa Yogi de vórtices de energía psíquica y puntos de ensamblaje que son la base de los caminos espirituales que han florecido a través de toda la historia del mundo—desde Hinduismo y Budismo a la alquimia, los ermitaños, y tradiciones Judeo-Cristianas-Islámicas—todavía tienen tremendo valor en realinear nuestro paradigma intelectual con ciencias contemporáneas al igual que la fenomenología de nuestro proceso transformacional. Y por supuesto no hay una práctica que es más valiosa que la meditación en sí—meditación que sería aprobado por Ramana y Nisargadatta y Shankara—preguntar el misterio de los misterios: ¿Quién soy? Pero hasta en el caso de la práctica meditativa, hay un valor en ofrecerles a los estudiantes que necesitan ejercicios elementales y preparatorios. Estos pueden incluir asanas y pranayamas, o visualizaciones guiadas, o técnicas de contar la respiración, o la técnica más elaborada de meditación analítica. Sin perder la vista en la meta, uno puede ayudar a personas cuyos niveles de ansiedad de otra manera no los permitirían meditar, para alcanzar la cama y serenidad que necesitan para enfrentarse con la pregunta más profunda de la realidad última. Más allá de eso, un marco de observaciones éticas y psico-higiénicas y resistencias propias, llamados en términos yogis como los Yamas y Niyamas, siguen siento un aparato de seguridad importante para aquellos que entran en las aguas profundas de la exploración supramental.
Entonces este es el camino Sat Yoga. ¿Es una forma de Advaita? Solo una mente amenazada o estrecha lo negaría. ¿Envuelve dentro de sí elementos que normalmente no se encuentran en el Advaita tradicional? Por supuesto. Pero si uno es verdaderamente no dualista, uno reconoce la unión integral que aquellos que quedan en la ilusión no pueden ver como conectado y pertinente. Aceptamos un Advaita constantemente evolucionando, un camino que aprovecha de la sabiduría de todas las tradiciones, observaciones clínicas, y perspicacias filosóficas que ayudan a alcanzar la dulce perfección de nuestro estado natural. El samadhi que es nuestro derecho de nacimiento espiritual que es uno de descanso y paz, de amor y aceptación, honorando toda la aparente diversidad que se manifiesta en la creatividad transfinita del Ser Único Supremo. No tenemos nada que probar o predicar. Si necesita la marca “Advaita” y las garantías de algunos gurús célebres antes de que esté dispuesto a probarlo, entonces no está listo para este camino más sutil. Del otro lado, si este camino le parece valioso, tome de él lo que le beneficia, y deje afuera todo lo demás. Si parece ser completamente extraño, siga adelante hasta que encuentre lo que está buscando. Pero si ha pasado tiempo en el Advaita tradicional, y tiene el sentido que este mensaje es verdadero, pero lo deja aún con un ego ilusorio que no puede quitarse, a pesar de su creencia en el, entonces tal vez esté interesado en otro acercamiento—uno que verdaderamente lo ayudará a llegar donde verdaderamente ya está. Sat Yoga lo puede llevar ahí.
Namaste,
Shunyamurti