El Atman
Hay una confusión en la mente de muchas personas respecto de la negación Budista de la existencia del Atman. Esto en realidad es una falacia. Prácticamente todas las tradiciones espirituales orientales (y occidentales, al igual, si vamos al caso) están de acuerdo en que la realidad última es un estado de no dualidad (o no triplicidad)—una realización de que el ser, el mundo, y la deidad no son tres, sino una singular totalidad. Pero alcanzan ese entendimiento a través de distintos caminos lógicos. La primera dualidad que debe vencerse es aquella entre el sujeto y el objeto. Algunas de esas tradiciones alcanzan el Absoluto al negar la objetividad—refiriéndose al mundo objetivo como ilusorio, como Maya. Este es el camino del Advaita Vedanta. El segundo camino es el de negar la realidad de la subjetividad, la cual es el acercamiento Budista de negar la existencia del Atman. Sin embargo, los Sat Yoguis acuerdan con ambas partes. Es verdad que no existe un Atman. Tal es, no hay una entidad positiva que pueda alguna vez ser encontrada que corresponda a un Atman. Pero, como los budistas acordarían, hay una esencia—si uno se refiere a esa naturaleza esencial como Naturaleza-Buda, Shunyata (Vacuidad), Brahman, Shiva, Dios, o incluso no-Atman—algún término final tiene que usarse para referirse a eso que es la fuente de la Mente.
Atman era el término original, y es tan bueno como cualquier otro, siempre y cuando recordemos que Atman es No-Atman, el Ser Real es No-Ser. Problemas se presentan con cualquier término. Hasta el término Vacío crea malentendidos, porque si bien en el Absoluto existe un vacío de ego, existe una plenitud de amor, sabiduría, gozo y poder. De la misma manera que el Ser es No-Ser, los Sat Yoguis afirmarían que Dios es No-Dios, de modo tal que lo Otro se disuelve en el estado de Nirvikalpa Samadhi (el estado de absorción meditativa en la Realidad Suprema más allá de los conceptos). En ese estado de Absoluta Realización, no hay un Dios como un Otro (la separación es superada), no hay un ser como una entidad, y no hay un mundo de objetos. El lenguaje ordinario no puede describir semejante trascendente estado de conciencia. Al intentar describirlo no podemos evitar caer de un lado o del otro en las antinomias del sujeto/objeto, y esto conlleva al falso sentido de que distintas religiones están describiendo distintas realidades finales, cuando no lo están. Todas las diferentes prácticas terminan de la misma manera con la meta de detener la cadena de pensamientos conceptuales que son responsables de la delusión y buscan poner un fin a la atadura de la consciencia con los significantes. Incluso las prácticas físicas de las asanas, el chi kung, y el tai chi tienen esta como su principal intención.